Imagina tener, en un mismo sitio, todo lo que tu mascota necesita: a quién preguntar, qué comprar y cómo cuidarla mejor cada día. Eso es Maxlu.
Cuidar de una mascota hoy obliga a moverse entre webs, apps y tiendas inconexas para resolver tareas que deberían ir de la mano. Esa fricción se traduce en estrés y tiempo perdido.
Este caso documenta el proceso de diseño end-to-end —de la investigación con usuarios reales al prototipo de alta fidelidad alineado con la marca— guiado por un principio rector: un único territorio, 100% centrado en el animal.
La tenencia de mascotas ha crecido de forma sostenida en los últimos años. Perros y gatos ocupan un lugar central en el hogar, y sus cuidadores destinan cada vez más tiempo, atención y recursos a su bienestar.
Sin embargo, la experiencia de cuidado está fragmentada: informarse, comprar, contratar un servicio o consultar a un veterinario implica saltar entre productos que no se hablan entre sí. No existe un punto de entrada único.
Combinamos dos métodos cualitativos para entender en profundidad cómo viven los cuidadores el día a día de sus mascotas.
Conversamos con cuidadores de perros y gatos sobre sus rutinas: cómo se informan, cómo eligen producto y cómo contactan con un veterinario. De ahí salieron sus momentos de fricción y también lo que ya les funciona.
Auditamos apps de pet care, plataformas de e-commerce y medios especializados para mapear fortalezas, carencias y huecos de mercado sobre los que construir una experiencia unificada.
Al sintetizar la investigación, tres patrones se repitieron de forma consistente:
Encontrar el producto, servicio o veterinario adecuado es una tarea que abruma y consume tiempo.
Cada necesidad vive en una plataforma distinta, sin continuidad entre ellas.
Echan en falta acceso directo a especialistas fiables en el momento en que los necesitan.
Los cuidadores necesitan una forma simple, fiable y centralizada de acceder a información, productos y servicios para sus mascotas. Hoy esas soluciones están dispersas entre múltiples plataformas, lo que genera fricción, desconfianza y tiempo perdido.
¿Cómo simplificar la búsqueda para que dejar de ser una tarea y pase a ser un gesto natural?
¿Cómo transmitir confianza y acompañamiento en lugar de sobrecarga?
¿Cómo unificar todas las necesidades de la mascota en un único producto coherente?
Un único punto de entrada para información, servicios y producto.
Contenido verificado y acceso a veterinarios certificados.
Existe disposición a invertir en soluciones que mejoren de verdad el bienestar del animal.
Arrancamos con un taller de ideación junto al equipo de diseño y los stakeholders, abriendo el abanico sin filtros. Después, mediante mind mapping y affinity diagramming, agrupamos las ideas en territorios y las contrastamos con los insights de investigación.
Priorización. Cruzamos cada idea contra impacto, viabilidad y esfuerzo para definir el alcance del MVP. El criterio fue claro: resolver primero lo esencial y dejar el resto preparado para escalar.
Construir el ecosistema digital de cada mascota: un espacio donde cada función, servicio y contenido orbita alrededor del animal, con identidad propia y recomendaciones hiperpersonalizadas.
Un único producto fiable y personalizado donde el cuidador gestiona todo de un vistazo: menos fricción en el día a día y más confianza en cada decisión.
Acceso directo a especialistas de confianza en el momento en que surge la duda.
Información adaptada a la especie, la edad y el perfil de cada mascota.
Recomendaciones de producto basadas en las necesidades reales de la mascota.
Salud, notas y recordatorios centralizados en un único lugar.



Recorre el flujo completo de la app, de principio a fin. Toca la pantalla para empezar.
Llevamos el prototipo a un focus group con cuidadores de mascotas para pulsar sus primeras impresiones y detectar fricciones de usabilidad.
Son los ejes que más pesan para el cuidador. Unificar la experiencia reduce la carga y devuelve control.
Cuando el producto refleja a cada mascota, la conexión emocional deja de ser un extra y pasa a ser el motor.
La iteración de bajo coste nos permitió validar decisiones antes de comprometer desarrollo.